«Pinocho Blues’ es un cómic raro», asegura Carlos Bribián. Así define este dibujante zaragozano (aunque nacido en Soria en 1982) su última obra, un tebeo en el que, a partir del cuento clásico, desarrolla una historia llena de aventuras y fantasía. En un giro hacia la actualidad, esta vez el muñeco de madera se enfrenta a lo que todos temen en su aldea: la crisis.

pinocho-blues

Primera rareza. ‘Pinocho Blues’ (Ediciones Glénat) tiene poco que ver con la clásica película de Disney, y prefiere mirar a oriente, con el animador Hayao Miyazaki como referente. «Me gusta leer tanto manga japonés como cómic americano, y esa mezcla se nota en mi estilo», explica Bribián.

La idea para el tebeo surgió cuando Bribián dibujó cuatro páginas sobre el personaje de Carlo Collodi para un monográfico sobre cuentos de la revista Gato Negro, un trabajo con el que después ganó un premio. «Si esto le gusta a la gente, ¿por qué no hacer una historia completa?», pensó. Así, situó a Pinocho en un mundo atemporal y extraordinario, amenazado por una temible crisis, en el que el héroe deberá vencer sus miedos para encontrar un fabuloso tesoro.

Para el dibujante, «Pinocho es un personaje muy inocente, muy puro. Quería que este muñeco se enfrentara a un mundo triste, en el que todos tienen miedo. Él decide tirar para adelante, enfrentarse a los enemigos para conseguir la riqueza necesaria para poder vivir con su padre, mientras que los más veteranos del pueblo, sumidos en el terror, son incapaces de moverse». De ahí el ‘Blues’ del título, un estilo de música que, para el autor, «expresa tristeza, pero tiene toques de esperanza».

dibujo

Segunda rareza. ‘Pinocho Blues’ se publica en una gran editorial, Glénat, en la que Bribián encontró total libertad artística. «Desde el primer momento en el que me enseñó su proyecto, me fascinó que un chaval desconocido me trajera bajo el brazo un trabajo tan maduro y virtuoso a nivel gráfico», asegura el editor de la obra, Hernán Migoya.

Migoya señala que «la obra es una actualización del mito, con las obsesiones y preocupaciones de la sociedad». Bribián lo reconoce. «Quería hablar del miedo, que surge en tiempos de crisis. Cuando ví que se hablaba de este tema a diario, decidí introducir una referencia directa en el tebeo para que la gente se identificara». Tampoco faltan alusiones a la gripe A o al cambio climático.

Tercera rareza. Con un panorama editorial en el que las novelas gráficas se asocian a temas sesudos, Bribián se atreve con una aventura fantástica de 350 páginas en blanco y negro . «Siempre hay un público que quiere algo más, que busca historias adultas que sin renegar de la imaginación. En ese terreno intermedio es en el que me quiero mover», afirma. Una propuesta que, para Migoya, «va a congregar a lectores de manga, de cómic americano clásico e incluso, por la seriedad, de novela».

Última rareza. El Pinocho de Bribián, como el del cuento, está escudado por su Pepito -que aquí no es grillo-, su Gepetto y su hada. Pero ahí acaba el parecido. Su nariz no crece cuando miente, sino cuando pelea con los malos o se excita al ver a una mujer. Si Disney saliera de su famoso congelador…

(Muévete de Heraldo, 5-02-2010)