Piruetas‘ (La Cúpula) es una novela gráfica doblemente asombrosa. En primer lugar, por la capacidad que tiene para que unas memorias íntimas centradas en el patinaje artístico golpeen al lector, con independencia de su lejanía a ese mundo, con un huracán de emociones. En segundo lugar, porque este extraordinario torrente de sentimientos está perfectamente encauzado, con una madurez narrativa portentosa. Quizás la autora, Tillie Walden (nacida en 1996 y residente en Texas), estará harta de que la juzguen por su edad, pero no deja de ser sorprendente como con tan solo 22 años ha podido armar un cómic de casi 400 páginas rebosante de elegancia, melancolía y poesía.

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Durante doce años, Tillie Walden practicó patinaje artístico de manera profesional. Toda su infancia dedicó una cantidad ingente de horas cada día a entrenar y competir en esta disciplina. ‘Piruetas’ habla de todo ese periodo, pero lo hace advirtiendo desde la primera página de que aquello forma parte del pasado (muy reciente) de la autora. Es desde esa perspectiva desde la que se avanza en la narración: lo que durante años fue todo para ella -“…ese deporte conlleva un estilo de vida. Y no es opcional”, reconoce en cierto momento-, ahora es un recuerdo. Sin embargo, la pista de patinaje y su entorno son también el escenario y el telón de fondo de las otras muchas cosas que le pasaron mientras se hacía mayor: el acoso escolar, la relación con su familia y amigas, salir del armario, los cómics y la música como otras vías de expresión…

Aunque Walden transmite a la perfección qué supone el patinaje artístico para sus profesionales, un buen acompañamiento de ‘Piruetas’ puede ser la reciente y recomendable película ‘Yo, Tonya‘ (Craig Gillespie, 2017), en la que se cuenta uno de los episodios más chuscos relacionados con este deporte. Más allá de las desventuras de Tonya Harding, este filme muestra hasta qué punto el patinaje sobre hielo es una disciplina cuyas practicantes se toman en serio, hasta el extremo de arruinar su vida personal. En el caso de Walden, no se puede afirmar que el patinaje le jodiera la existencia – al revés, en muchos momentos fue una tabla de salvación, un entorno seguro-, pero sí que determinó su personalidad y su educación sentimental.

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Tillie Walden da forma en ‘Piruetas’ a un ‘coming-of-age’, una novela gráfica sobre hacerse adulta, lleno de fuerza y profundidad. Todo ello con una sutileza y elegancia apabullantes: la acumulación de pequeños detalles, a veces insignificantes; de silencios, miradas, pausas y destellos; de viñetas en las que parece que no pasa nada y a la vez se deja intuir un mundo, estalla de pronto y remueve algo profundo. Walden logra emocionar casi como si fueran sus propios ojos a través de los que leemos la historia.

‘Piruetas’, como todas las buenas historias, tiene algo universal: nos habla no ya del complicado camino hacia la adultez, sino del mucho más intrincado proceso de dejar atrás lo que una vez fue importante en nuestras vidas, aquello que configuraba nuestro yo y que hoy miramos desde la lejanía con una ligera sonrisa, a veces melancólica, a veces amarga.