Canibalismo.

Incesto.

Esclavitud.

Zoofilia.

Idolatría.

Y cintas de vídeo.

Fire Punch‘ es un manga que en Japón se presenta como shônen (para público juvenil), pero que visto el percal, tiene más de seinen (adulto), que es como (con buen criterio) lo ha clasificado Norma Editorial por estos lares. Probablemente en esto tenga que ver que esta haya sido la primera obra larga de su autor, Tatsuki Fujimoto, y que se haya serializado originalmente en la Shônen Jump +, hijuelo digital de la mítica revista de la que han salido exitazos como ‘Dragon Ball’, ‘Naruto’ o ‘One Piece’. Si las temidas encuestas de popularidad, esas que determinan la supervivencia o no de una serie, ya se dejaban sentir en la publicación analógica, no queremos ni pensar en lo que habrá que hacer para destacar en el maremágnum del bit. No lo queremos pensar, pero ‘Fire Punch’ nos lo deja intuir: situaciones extremas, personajes pasados de vuelta y giros de guion que te hacen pensar que a cada tomo estás leyendo un manga diferente.

Fire Punch

‘Fire Punch’ es un artefacto diseñado para atraer la atención del público. ¿Es una obra maestra que pasará a los anales del medio? No ¿Tiene todos los elementos necesarios para hacerte estallar el perolo y entretenerte al nivel de querer sacar palomitas mientras lees? Sí.

¿De qué va la movida? La historia se sitúa en un futuro indeterminado sumido en una nueva era glacial. La cosa no ha tenido que ver con el cambio climático, sino con que entre los humanos han aparecido sujetos con poderes: que si uno es inmortal, que si el otro vuela, que si aquel atrae el metal… Y luego está la llamada Bruja del hielo, una misteriosa mujer dotada del poder de enfriar más que el aire acondicionado de tu oficina. Total, que la señora se ha aplicado en cubrir el mundo de un manto de nieve y hielo, y la gente, como suele ser habitual en estas circunstancias, se ha dado al amoral vicio de la supervivencia.

Entre los humanos que a duras penas resisten están Agni y su hermana pequeña Luna. Él está «bendecido» con el poder de regenerarse y, por tanto, de ejercer de despensa con patas para sus vecinos, ya que no duda en cortarse de vez en cuando un brazo para echarlo a la olla. Esta «apacible» cotidianidad se va al garete cuando las tropas de Behemdolg aterrizan en su pueblo y el hombre que las dirige, un tal Doma, arrasa el lugar con su poder de fuego eterno. Todos arden entre terribles sufrimientos, pero Agni no muere: se convierte en una pira humana con patas… Y muchas ganas de venganza.

Agni, que no es que fuera muy despierto antes, pero tras el trauma se ha quedado aún más alelado, emprende camino por el desierto helado con el único objetivo de acabar con Doma. El planeamiento argumental parece claro, pero Fujimoto no quiere que la fiesta decaiga: introduce en la acción a Togata, una mujer obsesionada con recuperar el cine, para lo que toma a Agni como protagonista de la que espera sea su gran película. Y como la realidad no es suficiente para ella -que está también un poco mal de la cabeza-, piensa que meter algunos elementos de mayor dramatismo (!!!) le dará un poco más de emoción al filme.

‘Fire Punch’ es un manga muy loco, pero no hay duda de que su autor sabe a lo que juega: violencia, gore, bajos instintos, asesinas en bikini on the rocks, creación de religiones sobre la marcha… ¡Imposible fallar! Ni siquiera tener muy poca mano para dibujar las escenas de acción resta potencia a una propuesta tan explosiva. La serie está cerrada en ocho tomos (de los cuales Norma lleva publicados hasta el momento cuatro), así que no hay riesgo de que esta fórmula se alargue más de la cuenta. Vale, puede que no sea un manga de compra obligada, pero… ¡Se lee con los ojos abiertos como platos!

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